Archivo Ubicado en Tradiciones | Escribir un Comentario

TRADICIONES

LA FIESTA DE LAS LAJAS
Se celebran el 15 de septiembre de cada año. La Virgen de las Lajas, pintada en una piedra, que se venera en el altar mayor de la iglesia principal del pueblo, fue encontrada en una carretera secundaria en el barrio de Pugacho, en donde hoy existe un hito recordatorio. Acuden muchos peregrinos; las vísperas se quema chamiza, hay juegos pirotécnicos, castillos, bailes, comidas típicas, bandas, etc.

LAS FIESTAS PATRONALES
El 13 de Junio, día de San Antonio de Padua. Fiesta reciente, que más que religiosa es el reencuentro de los pobladores que viven lejos y que retornan esos días para visitar a sus amigos y familiares. Durante 15 días de festejos con exposiciones y concursos de arte, desfiles de bastoneras, carros alegóricos, comparsas, bailes típicos. Durante las vísperas no puede faltar la tradicional quema de la chamarasca (Chamiza), castillos, juegos pirotécnicos y toros populares.

FIESTAS DE LA COSECHA
Después de la parcelación de las dos haciendas que ocupaban el territorio de toda la parroquia (década de los 40), los pobladores, dueños ya de sus tierras, celebran alborozados la recogida de las cosechas: maíz, trigo, cebada, habas, fréjol, etc. Se invita a amigos y familiares; se come abundante: gallina, cuy, etc., se bebe chicha de jora y finalmente se baila en las eras (lugar descubierto donde se reúne la cosecha) y luego la fiesta continúa en las casas.

EL ENTIERRO DEL GUAGUA

Los indígenas cuando muere un niño sienten alegría porque creen que va al cielo a engrosar el coro de los ángeles. En una silla adornada de cintas y pañuelos multicolores, con mucho oropel, sientan al cadáver del infante tocado de coronas doradas y ropa muy vistosa, el padre carga en sus hombros la silla así adornada, seguido de los familiares y amigos, va al entierro al cementerio bailando en el camino y deteniéndose en cada esquina da vueltas y vueltas al son de una primitiva orquesta.

LA BANDA
En tiempos en que en el pueblo no había luz eléctrica, radios, equipos de sonido San Antonio de Ibarra acorde con su categoría, contaba con una banda de 40 músicos que casi siempre triunfaba en los frecuentes concursos de bandas que se realizaban corno signo de prestigio y distinción de los pueblos. Era el orgullo de la población, que desde muy antiguo se ha destacado sobre sus similares de la provincia. Esta gran banda superaba a las bandas de los cuerpos del ejército acantonadas en la provincia. Los ingentes gastos que su manutención y permanencia demandaba, eran subvencionados por don Segundo Terán Recalde (dueño de la banda).

LOS CASTILLOS
Los días 24 de Junio, fiesta de San Juan y los siguientes, en ciertas casas de indígenas se levanta un entarimado donde se cuelgan frutos, panes, licores,
etc. Los invitados descuelgan para consumir, con el compromiso formal de
reponer el doble para el año siguiente se come abundantemente, se bebe chicha y aguardiente y se baila día y noche. Grupos de amigos disfrazados al son de primitivas orquestan visitan estos castillos llevando alegría y jolgorio a los vecinos, que bailan en círculo, atronando de vez en cuando con el ruido de cuernos y caracoles. Coincide con las fiestas del lnti- Raymi tan populares en nuestros tiempos.

Archivo Ubicado en Tradiciones | Escribir un Comentario

Del “Taita Imbabura”
Esta leyenda se repite en todos los pueblos antiguos del contorno del monte Imbabura, con diferencias localistas naturalmente. En San Antonio, ésta personifica y humaniza al “Taita Imbabura”, tal que la leyenda afir­ma haberlo visto un domingo cualquiera entrar a la iglesia parroquial, por la puerta del cementerio, a escuchar la misa de las10h00, muy acicalado y con lengua larga. Cuando la cima del cerro o su parte media están cubiertas de neblina, los moradores dicen que el “Viejo Imbabura” tiene dolor de cabeza o de barriga, según el caso. Si en las tardes veraniegas, al ocultarse el sol, se viste el monte con esplendorosos colores dorados, argentinos y violetas, y de bronce, plata y cobre policromando el horizonte infinito, para recibir engalanado la lluvia de estrellas que la noche enamorada te envía entre sombras y destellos, en esos instantes de recia contemplación, los mayores de ayer, hoy y siempre dirán que el “Viejo” está de fiesta esperando la visita de su amada. En fin, si en otras tardes invernales las tempestades de viento, lluvia, rayos y truenos arrecian, nosotros y ellos decimos que “Taita Imbabura” está furioso desatando su ira.

De la Virgen de Las Lajas.-                                                                      Cuentan que nuestros antepasados encontraron la piedra en cuya superficie estaba impregnada la sombra de la virgen, en un rústico rincón de la loma de Pugacho. Muchos pueblos pretendieron llevársela para venerarla en su iglesia sirviéndose de hombres y animales fuertes para el efecto. Más, todo esfuerzo fue inútil; en cambio, los habitantes de San Antonio, con una simple yunta de bueyes flacos y pocos hombres no seleccionados, levantaron en vilo la piedra y la yunta la arrastró hasta los altares en los que todos le rinden culto. Del Arco Iris.- Igual a la del “Taita Imbabura”, esta leyenda es conocida en muchos pueblos de naturales. Se refiere al temor que las indias solteras sienten al mirar el arco iris o “Cuiche” por ser el autor de su encantamiento, cuando sor­presivamente aparece en el horizonte en una tarde o mañana de sol y de lluvia.

De la Batalla de San Antonio.-                                                                        Esta relata sobre la retirada de las tropas patrio tas hacia I barra, con ocasión del asedio de los realistas atrincherados en la iglesia y al borde de la derrota en la memorable batalla del 27 de noviembre de 1812, causada por la alarma de una mujer qua gritaba en las calles del pueblo anunciando la llegada de refuerzos para Sámano. Leyenda o no, le Historia registra el des­calabro de las fuerzas libertarias y la implacable persecución de que fueran objeto por parte del ¡efe español y su ejército.

De la Ahorcada.-                                                                                                  En la esquina nororiente de la manzana donde se hallan situados los dos cementerios del lugar, según la tradición fue enterrada una mujer que puso fin a sus días ahorcándose en las ramas de un árbol, motivando este suceso la negativa de la iglesia para permitir sea sepultada en el panteón parroquial. La leyenda afirma que en las noches obscuras aparece en dicho sitio el cuerpo de le infeliz suicida balanceándose de una cuerda atada a una rama de uno de los árboles de aquel rincón.

De los Aparecidos.-                                                                                           Con esta temática, hay muchas leyendas en pueblos y ciudades de antigua existencia Citaremos algunas de nuestro terruño. “La Caja Ronca “de la calle Oscura”, “El Pare sin Cabeza” de la calle “Sucre”, a la altura del actual convento de las madres dominicanas. “la Viuda” en la “Calle Real”, “La Luterana” en la calle “Teanga” o en la plaza “Francisco Calderón” Hay otras leyendas relacionadas con la ventana del cráter del Imbabura y el vaso de nieve formado en una arruga de la mole que corona nuestra legendaria mon­taña, cuando ocasionalmente nievan sus cumbres. La primera habla de que tan grande tronera fue hecha por el brazo de un gigante que emergió de las aguas de la laguna de San Pablo. La segunda explica que con aquella vasija nívea calma la sed el “Taita Imbabura”. Una tercera, al referirse a las siluetas que la naturaleza dibuja en una do las breñas de la cordillera de Angochagua - visible desde nuestro lugar natal- asevera que se trata del encantamiento de un sacerdote celebrando misa y de una monja arrodillada junto a él.

La Chuchuda.-                                                                                                  La Chuchuda, que se aparecía en la quebrada de Santa Clara mostrando sus grandes senos a ¡os borrachos, que se recogían a sus casas en altas horas de la madrugada. Al seguirle y acercarse para acariciar sus encantos, la chuchuda se volvía dejándose mostrar como lo que era: un tétrico esqueleto. El borracho quedaba baboso para toda la vida, si es que no moría al instante. La quebrada en mención se llama la Chuchuda.